Recuerdo lo feliz que me hacía leer cada mañana de verano “eres mi complemento circunstancial de ternura”, eran pequeñas cosas que me hacían sonreír siempre, ya que siempre estuviste aquí, incluso cuando yo no estaba.
Ha pasado tanto tiempo… lo último que me dijiste fue un “te echo de menos” y yo no volví, pensando que siempre habría tiempo para hacerlo. Y ahora que lo que más deseo en el mundo es volver ya no estas para darme la bienvenida que seguramente me hubieras dado, con los brazos abiertos y palabras tiernas, seguro.
Ahora soy yo la que se siente mal y te pide perdón por no haberte dicho lo mucho que me gustaban tus consejos, tus comentarios, tus palabras... y lo importantes que fueron para mí aquel tiempo.
Ahora soy yo la que te echará de menos.
Y como no tiene sentido estar aquí sin ti, esto es lo último que hago, me despido con una sonrisa y esta es para ti, ya que este lugar es más tuyo que mío.