El otro día me acordé de cuando en uno de nuestros muchos paseos, me puse a llorar.
Te confesé el miedo que tenía a perderte. Tú no dijiste nada, solo me abrazaste...
Aun hoy recuerdo ese abrazo como si me lo estuvieras dando ahora mismo.
Ya ves, un simple abrazo... y en cambio, me llegó al corazón...