Por su mente pasaban buques melancólicos, despedidas en los muelles. Imaginaba barcos saliendo de puertos en brumas y amantes que se decían adiós al amparo del último toque de sirena. Paquebotes y transatlánticos un poco desvencijados. Parejas a las que una guerra separaba para siempre. Cartas de amor que no llegaban a ninguna parte o que al llegar a un hotel remoto lo hacían en el instante mismo en que su destinatario abandonaba para siempre ese hotel y esa ciudad...