Hacía tiempo que no estaba aquí, he vuelto para retornar por este camino donde el miedo ya no existe, o al menos no debería existir pues es un camino que he recorrido largo tiempo en el pasado, he de caminar por esta lúgubre senda hacía el reino que nunca debí abandonar.
Miro al frente, tomo aliento y con paso lento me dirijo a mi destino, con pena y nostalgia miro hacia atrás a esa luz que me hizo abandonar mi reino, lágrimas brotan de mis ojos pero he de continuar. A cada paso que doy me adentro en el sombrío y gélido bosque y esa luz se debilita.
El viento mueve las ramas de los arboles haciéndolas bailar con un suave contoneo mientras caen hojas secas a mi alrededor, hojas tan secas como yo, pero aún así he de seguir, debo afrontar mi destino. Siento que en esta oscuridad miles de ojos se clavan en mi, centenares de bestias nocturnas acechan en mi caminar pero no hacen nada pues saben quién soy, aullidos, aleteos, graznidos, afronto mis medios, o al menos, lo intento.
Pronto esa luz parece haberse extinguido por completo y aunque sé que en realidad no lo ha hecho prefiero no mirar atrás, es pronto para volver. Por fin distingo una gran figura perfilada por la luz de lo único que ilumina esta oscuridad una grandiosa y brillante luna.
Al fin he llegado a las puertas del castillo, donde el guardián, un gran cuervo negro que apenas se distingue entre tanta negrura, con un graznido y una reverencia me da la bienvenida, "Bienvenido de nuevo a su morada majestad", devuelvo la reverencia y me adentro en el castillo, miro a mi alrededor, todo sigue como lo deje, nada ha cambiado.
Aún conozco el camino al gran salón donde se encuentran los dos tronos, el mío propio y el de mi reina, la cual siempre ha estado esperando mi regreso, pues bien sabía que volvería. Me acerco a mi reina y enfrente de ella me arrodillo sobre un cúmulo de cristales rotos.
-He vuelto mi señora, me postro ante vos, pido mil disculpas mi reina, no debí marcharme.
-He vuelto porque he descubierto un nuevo sentimiento en mi interior, un extraño sentimiento que me hacia sonreír, que me hacía sentir feliz y que hacía que mi corazón latiera con tanta fuerza que llego a asustarme, me sentí capaz de cualquier cosa, con fuerza infinita, pero más tarde vino la tormenta y la lluvia…
-Como ves he regresado con 2 nuevas compañeras, ella- señalando a mi izquierda- me trae malos recuerdos de errores pasados, me trae dolor y lágrimas, y ella- señalo a mi derecha- me trae gratos recuerdos que entre suspiros de nostalgia hacen que en mi rostro se dibuje una leve sonrisa por mis buenas acciones.
Al fin me levanto con las rodillas heridas y ensangrentadas pero es mayor el dolor que tengo en mi interior y mis compañeras están ahí para recordármelo, finalmente tomo asiento en mi trono que apenas ha tenido tiempo de atrapar polvo en mi ausencia, pues no fue excesivamente larga, desde ahí sentado contemplo el gran salón oscuro iluminado por la tenue luz que desprende la luna que se cuela por las ventanas del gran salón, me miro en un gran espejo en frente de mi pues es la única manera de ver un ser humano en el reino.
- Aunque he comprendido que mi destino esta a vuestro lado y creo que este es el lugar al que pertenezco, he venido para curar mis heridas y reponer fuerzas, no sé si me quedare aquí por siempre…
Miro a mi derecha, donde está el trono de mi reina, que sigue como cuando me fui en mi oscuro y frío castillo, en mi reino escondido, donde pocos osan entrar y muchos temen hacerlo. A mi derecha por siempre estarás en ese trono vacio.
Solo cuando el se deshaga del trono donde estaba su reina vendrá otra, pues cada reina trae consigo su propio trono y jamás podrá entrar en la sala del trono dondel el de otra todavia se hospeda, porque el trono vacío en si mismo es la invitación a marcharse.