Que le vamos a hacer, llegados a este punto. Este punto en el que ya no sientes alegría, ni dolor. Este punto en el que las neuronas dejan de mandar impulsos nerviosos. Sí, este punto que hace que tus pies se vuelvan de plomo, que tu estómago se llene de piedras. Este punto en el que una sola pregunta invade tu mente: ¿por qué yo?
Amanece, que no es poco. Y entre los edificios, puedo verlo: un gran sol, cargado de decepción. Y se acerca. Y me aplasta.
En definitiva, "naces y vives solo". Y lo demás son mentiras. Y lo demás son excusas.
Nada que merezca, a fin de cuentas, la pena.
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