Blasfemando bajo la lluvia holly_golightly - Sta. Cruz de Tenerife - 03/03/2009 11:55:45
Contador de visitas (solo registrados)
Hay gente a quien le encanta ver llover. Sin embargo, a algunas personas les entristece, y a otras, simplemente, las convierte en monstruos incívicos ávidos de sufrimiento ajeno. Hay quien, a pesar de tener paraguas, aprovecha el refugio que proporcionan algunas cornisas anchas, mientras se percatan, impávidos, de que tú te estás calando en plena acera. Otros no se conforman con robarte la posibilidad de resguardarte, sino que, al pasar por su lado, ladean convenientemente el paraguas, de forma que toda el agua de lluvia retenida en él cae de golpe y porrazo sobre tu cabeza. Por supuesto, están los que, en una acera estrecha, van con el paraguas cubriendo todo su campo visual, como si de un escudo se tratara, con el fin de no tener que apartarse ante nadie, y caminar totalmente a su bola, en plan gymkana, sorteando todos obstáculos (personas, se entiende) para llegar lo antes posible a su destino, aunque tengan que echarte a tí a la carretera y corras el riesgo de morir atropellado. Y hablando de carreteras, quedan por describir los seres más hijosdeputa dentro de esta tribu de criminales sociales: los conductores que, en presencia de lluvia, se transforman en corredores de Fórmula 1 por un día y van a toda hostia, trasladando la totalidad del charco que se encuentra en el asfalto directamente del suelo a tu cara/piernas/cuerpo entero. Estos últimos ya son cabrones con todas las letras, puesto que lo que hacen no es por egoísmo, o simple falta de educación, sino que podemos empezar a hablar de maldad pura. No se puede dejar de nombrar a los que no escurren los paraguas ni se limpian los pies antes de entrar a un sitio, convirtiéndolo en un lodazal, o a los que, al cruzarte con ellos, no levantan el puto paraguas, sino que lo dejan ahí, justo a la altura de tu cara, a ver si hay suerte y consiguen sacarle algún ojo a alguien (que majos).
En definitiva, la lluvia pierde todo el romanticismo que pudiera tener si, al salir de casa, te empujan a la carretera, te echan encima charcos enteros, te hacen resbalar en las tiendas y te sacan los ojos.
Seguro que con gente así, Gene Kelly no hubiera tenido ganas de cantar bajo la lluvia.