Vivo vendiendo amor, señores,
me mantengo regalando mi pasión,
me sustento proporcionando placer a sus mercedes,
vivo sostenida entre el sueño y la ilusión.
Vivo en un mundo opulento y sin fronteras,
exótico e inalcanzable,
casi liviano y extravagante,
al que os guío con las caricias de mis manos
haciendo vibrar vuestro corazón.
Vivo en un mundo que huele a frutas y flores,
más suave que el terciopelo que cubre las paredes,
más fino que las sedas que cubren nuestras pieles,
de ensueño y de lujuria,
de encantos y pasión.
Sin embargo,
hace mucho que perdí el amor que vendo,
hace mucho que olvidé la pasión que regalo,
hace mucho que no siento el placer que sustento,
pero sobre todo, hace mucho que olvidé mis sueños.
Porque vivo en un mundo de ilusiones y mentiras,
recubiertas con una fina capa de polvos y carmín,
vestidas de joyas y sedas,
cubiertas de oro y marfil.
Así que vengan, sumérjanse en este mundo indecoroso,
déjense seducir por mis encantos de sirena,
que bajo mi sonrisa dulce y mis miradas de reina,
se esconden sus más oscuros demonios
que no salen sino es a mi vera.
Vengan,
entren,
dejen atrás su decencia,
disfruten de mis dulces mentiras,
no me importa que lo sepan,
porque les aseguro
que será más de uno el que vuelva.