Te veo sentado en tu escritorio, con tu portátil, te veo.
Observo cómo te pasas las horas muertas, cada día.
Enfrente de tu ordenador, viendo páginas webs, perdido en mil redes sociales.
Lees, comentas, aportas, ríes, lamentas. Inmóvil.
- "¿Qué haces? ¿No sales?".
Ni siquiera respondes, para qué, no contestas nada que no aparezca como un aviso en tu email,
llegado de cualquier desconocido del que no sabes nada, excepto su avatar o perfil.
Verdad o mentira, eso te da igual. Es un mundo virtual dónde te escondes, te escudas bajo su manto
para huir del día a día, de esa pesadilla de vida que no te gusta, o te atormenta.
Pero sí te gusta estar ahí, agazapado bajo cualquier enlace que te lleva a un nuevo lugar, cada vez.
Cómo las olas del mar que golpean una y otra vez contra la arena de una playa o la roca de un acantilado.
Estas ahí, inmóvil. Perdido..., buscando algo que aporte una luz a tu destino.
Te veo.
Y pienso que lejos de hallar respuestas, la oscuridad te encontrará antes o después,
caerás a un pozo sin fondo viendo como la luz del router se apaga.
Y entonces, ¿qué harás?
Hay dos caminos, dos verdades -entre otras muchas, todas ellas válidas-
Puedes salir a la calle, tomarte una cerveza con los amigos,
disfrutar de un atardecer a la orilla del viejo río, dónde de pequeño jugabas, saltabas, reías, compartías, vivías.
O posiblemente puedes reiniciar el aparato que te abre tu puerta virtual, y te cierra todas las demás,
esas que ya olvidaste hace mucho tiempo, esas de las que ya nunca te acuerdas, dejaron de exisitir para ti en algún momento,
pues en aquel instante desapareciste de la vida sin más, y te convertiste en un mero dato, un número,
que bajo el cifrado binario cabalga por un infinito espacio... de soledad.
Dime entonces, ¿reiniciarás?
(-tu vida- o -la conexión-)
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Que duro es verlo así pero no es errada la metáfora...
Muchas veces nos abrazamos a algo que consideramos más real que la propia realidad simplemente porque lo preferimos o nos hace sentir mejor. En muchas ocasiones, si enfrentaramos la vida y encarasemos los temores podríamos disfrutar de una plenitud total pero nos gusta más escondernos tras una pantalla, el anonimato nos hace más osados y el alter ego virtual no tiene limitaciones...