Eso era lo único que escuchaban mis oídos, el simple palpitar de tu corazón, retumbando cada vez mas fuerte, dentro de mi cabeza.
"Algo tan simple... no me puede gustar"
Pensé con desagrado tras un tiempo, algo tan sencillo, insignificante e irrelevante no podía gustarme. Siempre había odiado a todos aquellos, que siempre repetían continuamente, que los latidos del corazón son las verdaderas palabras de una persona.
"Esto me fastidia"
Al final acabe separándome acariciándome el oído. Había estado demasiado tiempo recostado sobre tu pecho. Sentí como era que tu mirada se clavaba sobre mí, esperando una respuesta, aunque no fuese concreta o que simplemente todo le dijese con la mirada.
Algo. Simplemente buscabas la más mínima idea de lo que había sentido.
-Patético.
Fue lo único que dije, antes de ponerme de pie, decidido a irme.
Una mano me detuvo, baje la mirada, y descubrí que tu mano aferraba la mía, con algo de miedo y a la vez desesperación, moví un poco la mía para deshacerme del agarre, algo a lo cual tu reaccionaste comenzando a llorar en silencio.
-Y vuelvo a repetirlo-mi tono de voz era frío- esto es patético, una total y completa perdida de tiempo no sé, como es que me deje convencer.
Más lágrimas brotaron de tus ojos, sé que mis palabras habían sonado fría y quizá un poco hirientes, mas sin embargo, para mi duro y frío corazón, aquello no había sido mas que la punta del iceberg, dado a que si continuaba en ese sitio un segundo mas, y sobre todo viéndote llorar por mi causa, lo más seguro es que las siguiente palabras que saliesen de mi boca, fueran aun mas hirientes que la anteriores.
-Me voy.
Volví a encaminarme hacia la puerta.
De nuevo algo me detuvo, y esta vez fueron tus brazos, los cuales me rodearon suavemente, apretando entre tus manos la tela de mis ropas.
-No te vayas.
Dijiste con la voz entrecortada.
En cambio, yo me quede estático sin decir nada, la verdad es que no quería crear una falsa ilusión o mucho menos involucrarme en algo, a lo cual tenía bien sabido podría acabar partiéndome el alma.
-He dicho que me voy.
Con un movimiento un tanto brusco me aparte de ti, para esta vez si irme.
Lo último que escuche fue tu llanto.
Sentí como era que mi corazón se partía en pequeños fragmentos, y como era que se contraía haciéndose pequeño. Lo latidos cada vez se hacían más y más difíciles, hasta el grado, en que ya no los sentía, mas aun así seguía moviéndome caminando.
Solo que ahora, tenía la impresión de que ya nadie me veía y mucho podían sentirme. Un par de días después, me hallé en el panteón como siempre revisando las lapidas sin interés alguno. Pero esta vez fue diferente, dado a que algo llamó mi atención, y ese algo eras tú. Te hallabas enfrente de una tumba sollozando de la misma manera en la que la habías hecho el último día en que te vi.
Me acerqué con cautela, descubriendo que la lapida tenía grabado mi nombre.
“No, no puede ser”
Me hice hacia atrás contemplado, como era que claramente mi nombre y una pequeña dedicatoria se hallaban grabadas en ella. Entonces en aquel momento, en aquel lugar había muerto, lo mas seguro es que tu hubieses hallado mi cuerpo.
Supongo que… ya nada puede hacerse, tú sigues con vida. Y yo… bueno… en realidad simplemente diré que lastime y cerré mi corazón hasta el grado de propinarme la muerte.