Y es que en ellas se concentra todo el espíritu de Chinatown, el de encerrona no sólo física, sino también moral, el de la sensación de impotencia, de no poder cambiar el pasado, pero tampoco el presente (que nos conduce a la idea de ciclo irreversible), ni siquiera el futuro, pues los malos ganan, y su perversidad será la que construya el porvenir de la civilizaciones. Y de eso se da cuanta Gittes en el último momento, a través de esa mirada perdida que transluce nítidamente que no hay lugar para la salvación, y que su existencia ha vuelto a perderse en la malas calles de Chinatown.
(Miradas De Cine n° 41)
Impotencia.
El bocinazo final y delator de la verdad geométrica: "los malos ganan". Así concluye esa historia llena de entresijos y humos de cigarros esparciéndose entre sus personajes, espejos de la sociedad de aquel entonces, y de la de ahora; simples reflejos de la miseria humana, de la bajeza con que se construye el alma del hombre. Luces y sombras, pero ante todo: impotencia.
Décadas después, puedo decir que ese grito: "controla a la policía", todavía tiene vigencia en los estratos de muchas sociedades. Especialmente en la mía.
Todos los días nos encontramos con la misma impotencia, desgajando nuestros interiores, arañando nuestras paredes de esperanzas, y finalmente, derribándonos en el suelo árido, seco, impenetrable de la realidad.
¿Seguir esperando? O... ¿Ignorar?