Gestion de residuos black_lotus - Sevilla - 31/01/2012 01:18:52
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Acaba de pasar el camión de la basura, dejando el rastro olfativo habitual de restos orgánicos en descomposición.
Es habitual y lógico darse cuenta de que la basura huele diferente, huele más fuerte quizás, cuando es aglomerada y prensada en camiones durante su recogida y transportada hacia el vertedero.
Como si la basura fuese una entidad viva y al entrar en contacto con más basura tuviese sexo y fruto de esa copula naciese ese perfume inconfundible.
Como cuando las sabanas huelen a ese tipo concreto de la más inmediata felicidad…
Tumbado en su cartón bajo los soportales de la plaza Staromestské námestí en Praga. un mendigo, un sin techo, una persona sin hogar como podría ser otra cualquiera,
“como cualquiera podría ser”, piensa en todo esto mientras apura la ultima botella de vino.
Acariciando con mesura el recipiente de vidrio que contiene ese alcohol preciado que le hace “invencible”, “intocable” ,”inmortal”,
alcohol barato que es la única compañía en sus largas noches de soledad y que jamás consentiría desperdiciar.
Piensa y derrama lágrimas, se pregunta que diablos le habrá llevado a relacionar el embriagador perfume del amor con el repugnante almizcle de la basura. El perfume de la basura, su colonia habitual…
Parpadea levemente con los ojos humedecidos, no sabe muy bien si es por el frio o por la tristeza liquida que parece salirle de los ojos congelándose casi al instante,
dándole la sensación de que le araña los pómulos y las mejillas, como si estuviera llorando toda esa autocompasión que la gente cree ver en el, toda esa lastima teatrera convertida en afilados puñales de cristal.
De pronto, una oportuna brisa nocturna se levanta, arrastrando una suave fragancia a gladiolos, nenúfares en flor y jazmines de verano. Probablemente sea una alucinación producto de la bebida,
ya que no existen floristerías ni invernaderos en toda la zona y el crudo invierno checo solo acaba de empezar.
Impelido por una extraña energía renovada, levanta su saco de huesos y echa a correr calle abajo agarrándose a las farolas, no como un borracho tambaleante, más bien como un insecto que vuela hacia la luz.
Se siente sobrio y pese a ese lamentable hecho, puede notar fluir por todo su cuerpo ese cosquilleo que hace tiempo que no sentía, esa descarga placida de la felicidad.
Acaba de pasar el camión de la basura, llevándose los restos congelados de una persona a la que la muerte no le ha cogido por sorpresa, porque hace tiempo que ya estaba muerta de verdad…
Ilustración: Reey Whaar (http://reey.ru/)
Música: Mirah- Special Death