- ¿Qué vamos a hacer ahora? – Preguntó ella.
- Bueno, a esta velocidad – respondió Joan comenzando a caminar – tardaremos como poco el doble de tiempo, así que tendremos que hacer noche en el bosque, a mitad de camino. Habrá que hacer un pequeño esfuerzo y avanzar todo lo posible antes. ¿Te ves capaz?
Sara mantuvo la mirada decidida y sonrió espontáneamente por primera vez desde su accidente. Curiosamente se sentía confiada a su lado. Asintió y afianzó su posición entre los brazos del joven.
Cuatro arduas horas y siete paradas para descansar después, Joan decidió detener la marcha. Ayudó a Sara a sentarse junto a un árbol y se desplomó jadeando sin ni siquiera quitarse la mochila. Ella lo miró con una media sonrisa, con una expresión de amistad y agradecimiento. Prácticamente había cargado con ella y todo el equipo y ni aún tendido en el suelo, exhausto, perdía la sonrisa. Disfrutó sin darse cuenta de esa complicidad, de su respiración, de ese momento. Su búsqueda de independencia la había conducido inevitablemente a una total dependencia por un desconocido, y se sorprendió a sí misma al descubrir que la situación no la disgustaba demasiado.
- ¿En qué piensas? – dijo él interrumpiendo sus cavilaciones. Ella se ruborizó, pues la había sorprendido mirándolo.
- Aún no te he dado las gracias.
- Ah, eso... Es sencillo. Con invitarme a una fabada esta todo pagado – respondió con un guiño – Con eso supongo que recuperaré fuerzas.
Sara rió ante el comentario y él se despojó del macuto con dificultad. Se incorporó y recogió las cantimploras, avanzando hacia ella.
- ¿Qué tal lo llevas? – dijo quitándole la bota con sumo cuidado y retirando el vendaje, lo cual Sara agradeció.
- Bien. Sin cambios por desgracia.
- Vale. Descansa aquí un rato. Hay otro arrollo cerca y las voy a rellenar. No tardaré.
Ella obedeció y le observó mientras se alejaba. Se relajó y cerró los ojos, aspirando profundamente el intenso olor a vida de aquel bosque. La luz comenzaba a disminuir y el frescor nocturno era muy reconfortante. Joan aún tardó media hora en regresar, pero lo hizo con un buen montón de leña seca.
A pesar de la suave temperatura de la noche, Sara agradeció el reconfortante calor de la hoguera en su dolorida articulación. Joan, sentado a su lado, daba buena cuenta de un trozo de queso mientras hablaba con naturalidad, aunque con un extraño recelo. La joven se descubrió contemplándolo a intervalos cada vez más largos, estudiando sus expresivos rasgos, saboreando cada sonrisa. Quizás algo no andaba del todo bien.
Apartó de su mente esos pensamientos. No estaba aquí para eso. Estaba así por una mera coincidencia, un contratiempo. No era tan insensata como para dejarse llevar por algo tan momentáneo. Observó que inconscientemente se había acercado a él. Respiraba profundamente. Él dijo algo que no alcanzó a entender pero rió con ganas, apartando la mirada. ¿Estaba él más cerca al volver la vista o era su imaginación?. La mirada de Joan había cambiado. Era casi demasiado sencillo interpretarla.
Anhelo y miedo.
Notó cómo se ruborizaba mientras mantuvo sus ojos en los de él, insultantemente cerca. Miró hacia abajo. Sus manos jugueteaban nerviosas con una piedra. Las de ella con una rama. Se había hecho el silencio, roto ocasionalmente por el crepitar de la pequeña hoguera.
Para
Detente
No es lo que yo haría normalmente, se dijo. No es propio de mí. Le miró de nuevo. En ese momento, con los rostros frente a frente, lo comprendió todo. La antigua Sara nunca se hubiese dejado llevar así. Nunca haría una locura semejante. La antigua Sara.
Joan se acercó lentamente, pero se detuvo, resoplando de frustración. Sonriendo, ella rodeó su cuello con sus brazos y le besó dulcemente, saboreando el momento.
El resto fue locura.
SOY FELIZ...
porque te quiero.
porque me encanta estar contigo.
porque hago lo que quiero.
porque estudio lo que más me gusta.
porque...viva los cambios!!!
porque los dos sois felices y vuestra relación en el fondo es todo un ejemplo para mi.
porque eres lo más bonito que hay, tengo oportunidad de irte a recoger a la guarde y me dedicas esas sonrisas de brujita-niña-buena-peque-pitufi.
porque os he conocido, os estoy conociendo, os tengo que conocer aún más y corrernos esas juergas taaaaaaaan tremendas.
porque me escribes historias como ésta, muchas gracias.
porque sigo contando con vuestra amistad y vosotras dos...vosotras dos sí que sois las mejores joeeeeeee.
porque me has hecho pasar ratos MUY agradables en el msn, he disfrutado con tus llamadas a ver quién estaba más alcohólico de los dos y he podido contar contigo cuando lo he necesitado.
porque me has subido el ánimo en los momentos más difíciles.
porque crees que no lo soy y me da la risa jajaja.